Cultura Romana

Excudent alii spirantia mollius aera...

TITI LIVI AB VRBE CONDITA LIBER I, 58

Filed under: Latín — Admin at 3:20 am on Thursday, November 10, 2005

He aquí la historia de Lucrecia, en latín, tomada de Tito Livio: (buscar aquí mismo la traducción al castellano)

Paucis interiectis diebus Sex. Tarquinius inscio Collatino cum comite uno Collatiam venit. Vbi exceptus benigne ab ignaris consilii cum post cenam in hospitale cubiculum deductus esset, amore ardens, postquam satis tuta circa sopitique omnes videbantur, stricto gladio ad dormientem Lucretiam venit sinistraque manu mulieris pectore oppresso “Tace, Lucretia” inquit; “Sex. Tarquinius sum; ferrum in manu est; moriere, si emiseris vocem.” Cum pavida ex somno mulier nullam opem, prope mortem imminentem videret, tum Tarquinius fateri amorem, orare, miscere precibus minas, versare in omnes partes muliebrem animum. Vbi obstinatam videbat et ne mortis quidem metu inclinari, addit ad metum dedecus: cum mortua iugulatum seruum nudum positurum ait, ut in sordido adulterio necata dicatur. Quo terrore cum vicisset obstinatam pudicitiam velut vi victrix libido, profectusque inde Tarquinius ferox expugnato decore muliebri esset, Lucretia maesta tanto malo nuntium Romam eundem ad patrem Ardeamque ad virum mittit, ut cum singulis fidelibus amicis veniant; ita facto maturatoque opus esse; rem atrocem incidisse. Sp. Lucretius cum P. Valerio Volesi filio, Collatinus cum L. Iunio Bruto venit, cum quo forte Romam rediens ab nuntio uxoris erat conuentus. Lucretiam sedentem maestam in cubiculo inveniunt. Aduentu suorum lacrimae obortae, quaerentique viro “Satin salue?” “Minime” inquit; “quid enim salui est mulieri amissa pudicitia? Vestigia viri alieni, Collatine, in lecto sunt tuo; ceterum corpus est tantum violatum, animus insons; mors testis erit. Sed date dexteras fidemque haud impune adultero fore. Sex. est Tarquinius qui hostis pro hospite priore nocte vi armatus mihi sibique, si vos viri estis, pestiferum hinc abstulit gaudium.” Dant ordine omnes fidem; consolantur aegram animi avertendo noxam ab coacta in auctorem delicti: mentem peccare, non corpus, et unde consilium afuerit culpam abesse. “Vos” inquit “uideritis quid illi debeatur: ego me etsi peccato absoluo, supplicio non libero; nec ulla deinde impudica Lucretiae exemplo uiuet.” Cultrum, quem sub ueste abditum habebat, eum in corde defigit, prolapsaque in volnus moribunda cecidit. Conclamat vir paterque.

La historia de Lucrecia (Tito Livio, Los orígenes de Roma, I, 58)

Filed under: Literatura — Admin at 3:18 am on Thursday, November 10, 2005

Pasados algunos días, Sexto Tarquino vuelve a Colacia con un solo amigo sin saberlo Colatino. Como le hubiesen recibido amablemente, desconocedores de la situación, y después de la cena hubiese sido conducido a la habitación de los huéspedes, loco de pasión, una vez que la situación en torno suyo le pareció suficientemente segura y que todos dormían, con la espada desenvainada se llega a Lucrecia, que dormía, y oprimiendo el pecho de la mujer con la mano izquierda, le dice: “Silencio, Lucrecia; soy Sexto Tarquino; tengo una espada en la mano; morirás si dices una palabra”. Sobrecogida de terror por el brusco despertar, viendo la mujer que no había ninguna ayuda y que la muerte era inminente, entonces Tarquino le confiesa su amor, le suplica, mezcla las amenazas a los ruegos, conmueve por todos los medios su corazón de mujer. Después que ve que era obstinada y que ni siquiera se doblegaba por miedo a la muerte, añade al miedo el deshonor: le dice que junto con su cadáver colocará desnudo a su siervo degollado, para que se diga que ella ha muerto en mezquino adulterio. Como mediante esta amenaza la pasión, triunfante por así decirlo, hubiese vencido a la obstinada castidad y Tarquino hubiese marchado de allí orgulloso de haber sometido el honor de una mujer, Lucrecia, abatida por una desgracia tan grande, envía un mensajero a Roma a su propio padre y a Ardea a su marido para que vengan con sendos amigos fieles; que así es necesario por la urgencia del hecho; que ha ocurrido un horrible suceso. Sp. Lucrecio viene con P. Valerio, hijo de Voleso; Colatino, con L. Junio Bruto, con el que volvía a Roma casualmente cuando el mensajero de su esposa lo encontró. Hallan a Lucrecia sentada y afligida en su habitación. A la llegada de los suyos se deshace en lágrimas, y al preguntarle su marido: “¿Estás bien?”, “En absoluto” –le dijo–; “pues ¿qué bien le queda a una mujer que ha perdido el honor? En tu lecho, Colatino, están las huellas de un hombre extraño; pero sólo mi cuerpo ha sido violado, mi alma es inocente; mi muerte te lo atestiguará. Pero dadme la mano y juradme que el adúltero no quedará sin castigo. Sexto Tarquino es quien, enemigo en vez de huésped, durante la pasada noche armado me arrebató por la fuerza un goce funesto para mí y para él, si sois hombres”. Todos, uno tras otro, le dieron su palabra; la consuelan de su tristeza eximiéndola a ella, que ha sido forzada, de la culpa que imputan al autor del delito; le dicen que delinque el espíritu, no el cuerpo, y que no hay culpa donde no hay intención. Ella responde: “Vosotros veréis qué le está destinado a él; yo, por mi parte, aunque me absuelvo de la falta, no me eximo del castigo. Que en el futuro ninguna mujer pueda vivir deshonrada tomando como ejemplo a Lucrecia”. Un cuchillo que tenía escondido bajo el vestido se lo clavó en el corazón y, desplomádose sobre la herida, cayó moribunda. Su marido y su padre rompen en gritos.

Alea iacta est

Filed under: Historia, Aforismos y expresiones — Admin at 1:32 am on Wednesday, November 9, 2005

Alea iacta est, Suetonio, Julio César, 32

“Cunctanti ostentum tale factum est. Quidam eximia magnitudine et forma in proximo sedens, repente apparuit, arundine canens: ad quem audiendum cum praeter pastores plurimi etiam ex stationibus milites concurrissent interque eos et aeneatores, rapta ab uno tuba prosiluit ad flumen et ingenti spiritu classicum exorsus pertendit ad alteram ripam. Tunc Caesar, “Eatur, inquit, quo deorum ostenta et inimicorum iniquitas vocat. Iacta alea esto” (inquit.)�?

“Ante los que dudaban se manifestó un suceso llamativo. Una persona de gran tamaño y de una belleza singular apareció de repente sentado cerca de las tropas, tocando una flauta de caña. Para oírlo mejor muchos soldados se acercaron desde los puestos de guardia, y, por supuesto, entre ellos estaban los trompeteros. Esta persona quitó la trompeta a uno de ellos y saltó al centro del río. Allí soplando con enorme fuerza interpretó una marcha militar y, a continuación, saltó a la otra orilla. Entonces César dijo: Vayamos adonde nos llaman los prodigios de los dioses y la iniquidad de los enemigos. La suerte está echada�?.

Comentario:

Como todo el mundo sabe, esta frase significa “la suerte está echada”. La imagen está sacada de los juegos de azar e indica la jugada de los dados: en el momento en que los dados han salido de la mano de quien los lanza, todavía no se sabe cuál va a ser el resultado, pero ya está en marcha y no se puede volver atrás. Esto es lo que quiso decir Julio César cuando pronunció esta frase: que no sabía lo que iba a pasar, pero que no podía dar marcha atrás.

César había conquistado la Galia para la República Romana. Pero sobre todo, había conseguido un ejército que le era fiel y eso era lo que atemorizaba al Senado de Roma. Por ello, cuando el Senado nombró a Pompeyo cónsul único, una de las primeras decisiones que tomó fue la de ordenar a César que entregara sus tropas. En la situación de enemistad que existía entre César y Pompeyo, entregar las tropas al enemigo era suicidarse. Por lo cual decidió mantenerlas.

Estaban acampadas junto al río Rubicón, que se encuentra al norte de Italia y hacía de frontera entre las provincias de Italia y la Galia Cisalpina. No sabía bien qué decisión tomar, más de cara a los soldados y al Senado que en su interior, porque podemos pensar que lo tenía bien decidido. Sin embargo, aparentemente, estaba perplejo. De repente apareció, según nos lo cuenta Suetonio, un hombre de extraordinaria belleza que tocaba una flauta de caña. Todo el mundo se acercó a verlo: soldados, pastores, músicos,… A uno de los trompeteros le quitó la trompeta, y de un salto se sentó en una piedra que había en el centro del río, mientras tocaba una marcha militar. Para ver tal prodigio se reunió prácticamente todo el ejército. El hombre volvió a dar un salto hacia la otra orilla sin dejar de tocar y animando con gestos a que le siguieran. César no era supersticioso y el asunto de la religión no le quitaba el sueño; pero era un gran psicólogo y se aprovechó de la credibilidad de los soldados que veían en aquello algo sobrenatural. De esta forma, interpretando el prodigio según sus deseos, gritó en voz muy alta:

—Esto no es más que la indicación de los dioses de que vayamos a vengar las afrentas que nos están haciendo Pompeyo y el Senado. Los dioses quieren que nos dirijamos a Roma y venzamos al enemigo. ¡Vayamos, pues! La suerte está echada.

Los soldados, cuando sabían o creían que los dioses favorecían su empresa, luchaban con más ardor y ánimo. Así, cuando Pompeyo se enteró de lo que había hecho César, abandonó Roma. (Cfr. Aegroto, dum anima est, spes est)

Un famoso pasaje de la Eneida

Filed under: Literatura — Admin at 1:26 am on Wednesday, November 9, 2005

Labrarán otros con más gracia bronces animados (no lo dudo), sacarán rostros vivos del mármol, dirán mejor sus discursos, y los caminos del cielo trazarán con su compás y describirán el orto de los astros: tú, romano, piensa en gobernar bajo tu poder a los pueblos (éstas serán tus artes), y a la paz ponerle normas, perdonar a los sometidos y abatir a los soberbios.»

Eneida, VI, 847-53

El calendario romano

Filed under: Costumbres — Admin at 10:37 am on Tuesday, November 8, 2005

Todos hemos oído expresiones tales como “los idus de marzo”, “las kalendas”, “las vísperas”, “la vigilia”… ¿Cuál es su origen? Pues ni más ni menos que la manera de contar el tiempo que tenían los antiguos romanos.

La salida del sol (”solis ortus”) marcaba el comienzo del día y era la hora prima. La puesta del sol (”solis occasus”) indicaba el final del día (”dies”) y el comienzo de la noche (”nox”). Era el final de la hora duodécima y el comienzo de la “vigilia prima”, porque el día se dividía en 12 horas y la noche en cuatro vigilias. Como por la noche, generalmente, sólo estaban despiertos los soldados que hacían su guardia, se dividía todo el tiempo nocturno según los turnos de vigilancia, que eran cuatro.

Ni que decir tiene que tanto las horas como las vigilias tenían una duración variable, porque el sol sale cada vez antes a medida que nos acercamos al verano y se pone más tarde. De cara al invierno es al revés. Sólo había dos momentos invariables: la hora VI, es decir, el mediodía, y el comienzo de la III vigilia, es decir, la media noche.

Las horas tenían una duración de 60 minutos, como las nuestras, sólo en dos ocasiones al año: Los equinoccios (de aequus = igual, y nox, noctis = noche) que coinciden con el comienzo de la primavera (21 de marzo) y del otoño (21 de septiembre). Esos días cada una de las vigilias duraba tres horas de las actuales.

¿Cómo medían el tiempo los Romanos? Pues muy mal, con mucha inexactitud. De lo único de que podían estar seguros era del momento de la salida del sol, del mediodía y del ocaso. Todas las demás horas tenían, forzosamente, que referirse a ellas; pero además, con las expresiones de “alrededor de…”, “más o menos…”, “cerca de…”. Tampoco tenía tanta importancia la exactitud en la medida del tiempo, porque no había records que batir, ni centésimas de segundo que medir. Para los Romanos era totalmente inconcebible el concepto de segundo, y mucho más el de décima o centésima de segundo. La palabra latina “momentum” puede significar los que entendemos nosotros por un rato pequeño. Si se necesita precisar, es decir, que el momento, el rato, era todavía más pequeño, se decía “punctum temporis”, o sea, un punto del tiempo.

A pesar de todo, sí que había procedimientos para medir el tiempo de una manera aproximada.

Los relojes de sol se conocían desde la antigüedad, aunque tenían unas limitaciones de colocación y grabado correctos. Sin embargo sólo servían para el día, y siempre que hiciera sol, claro. Por eso por la noche tenían que usar otros procedimientos que también servían durante el día: el reloj de arena era bastante exacto para períodos cortos, pero había que tener en cuenta que la medida de hoy no servía para mañana. De todas formas todos los procedimientos se basaban en la regularidad de un movimiento que se reflejaba en un gráfico marcado con las distintas horas.

La clepsydra o reloj de agua procedía de los griegos. Se dice que fue Platón, el filósofo, quien lo inventó. Se basa en la caída regular del agua en un recipiente, gota a gota, que hace subir poco a poco un flotador, y éste, al subir va marcando en una escala el tiempo transcurrido.

Había otros métodos: una cuerda encerada, con nudos cada cierto espacio, a la que se prendía fuego; la sombra que producía una pantalla a la luz de una vela sobre una escala graduada; el descen-so del aceite de una lámpara a medida que se va quemando, etc. Aunque los griegos habían inventa-do las ruedas dentadas, no conocemos los sistemas motrices. Hasta finales del siglo X y principios del XI no se inventaría el reloj mecánico, que independiza el tiempo de los cambios astronómicos y lo regulariza. Dicho invento se atribuye al monje Gerberto, que fue Papa con el nombre de Silvestre II.

Si el sol era el responsable del día y de la noche, del mes lo era la luna. Cada una de las vueltas de la luna era un mes, y doce vueltas, doce meses, poco más o menos el año solar: los meses lunares son de 29 días y medio, lo que hace un total de 354. Cada año se producía un retraso de 11 días en las estaciones y en el año solar. Por eso Numa Pompilio, el segundo rey de Roma, que, según la tra-dición fue el inventor de este calendario, mandó añadir, cada dos años un mes de 22 días (”mensis intercalarius”) para que no se desfasase el año lunar con respecto al año solar.

Al principio el año comenzaba en martius (marzo), mes dedicado al dios Marte. Le seguía aprilis (abril), el “mes en que la naturaleza se abre”; maius (mayo), dedicado a la diosa Maya, según unos, o a Júpiter bajo el sobrenombre de Maius, según otros. El cuarto mes iunius (junio) estaba dedicado a la diosa Juno, y los seis meses siguientes eran, según los números, quintilis, sextilis, september, october, november y december.

Ianuarius (enero) estaba consagrado al dios Jano, y februarius (febrero), el último mes, el dedica-do a las purificaciones. Al morir Julio César dieron su nombre al mes quintilis, y lo llamaron iulius (julio). Augusto (Augustus) dio su nombre al mes sextilis (agosto) para no ser menos que su antecesor.

En el año 48 a. C. (713 a. V. c.) Julio César estableció el calendario Juliano, que, manteniendo la estructura de los 12 meses, les dio un número suficiente de días para que coincidiera con los 365 días del año astronómico, añadiendo un día en febrero cada cuatro años. El número de días de cada mes eran los que indica el dicho popular:

“Treinta días trae noviembre con abril, junio y septiembre; veintiocho (o veintinueve) sólo uno, (febreruno) y los demás treinta y uno”

Cuando los meses eran lunares el día de la luna llena era el día de los Idus, que caía, más o menos hacia la mitad del mes. Las Kalendas era el día 1º de cada mes, cuando se celebraban los “comitia calata” que eran unas reuniones convocadas por los sacerdotes para establecer los días fastos y nefastos; y como tercera fecha mensual estaban las Nonas, o noveno día antes de los Idus. Las Kalendas eran todos los meses el día 1 del mes; los Idus variaban: era el día 13, excepto en los meses de mar-zo, mayo, julio y octubre:

“Sex Maius nonas, October, Iulius et Mars; Quattuor at reliqui; dabit Idus quilibet octo”.

“Los meses de mayo, octubre, julio y marzo tienen seis días desde las Kalendas a las Nonas: por tanto es el día 7 de cada mes, mientras que los demás meses sólo tienen cuatro, y celebran las Nonas el día 5. Desde las Nonas hasta los Idus siempre hay 8: sumados al 5 o al 7 de las Nonas, nos dan el día 13 o el 15 para los Idus”.

Nosotros al contar los días de cada mes, nos referimos siempre a una fecha pasada: el día 1º del mes. “Estamos a 23 de marzo” quiere decir que han pasado 23 días desde que comenzó marzo el día 1º. Sin embargo los Romanos se referían a una fecha futura: las Kalendas (el día 1); las Nonas (el día 5 o el 7); los Idus (el día 13 o el día 15). Cada una de estas fechas era el día de las Kalendas, de las Nonas o de los Idus de tal mes. La víspera era el “pridie” y la antevíspera, el día III antes de las Kalendas, las Nonas o los Idus. La fecha de referencia para los días del 2 al 5 o 7 de cada mes eran las Nonas; del 6 o el 8 hasta el 13 o el 15, los Idus; desde el 14 o el 16 hasta el final del mes, las Kalendas del mes siguiente.

Vamos a poner como ejemplo el mes de febrero.

EJEMPLO: MES DE FEBRERO

Día 1, Kalendae Februariae
Día 2, ante diem IV Nonas Februarias
Día 3, ante diem III Nonas Februarias
Día 4, Pridie Nonas Februarias
Día 5, Nonae Februariae
Día 6, ante diem VIII Idus Februarias
Día 7, ante diem VII Idus Februarias
Día 8, ante diem VI Idus Februarias
Día 9, ante diem V Idus Februarias
Día 10, ante diem IV Idus Februarias
Día 11, ante diem III Idus Februarias
Día 12, Pridie Idus Februarias
Día 13, Idus Februariae
Día 14, ante diem XVI Kalendas Martias
Día 15, ante diem XV Kalendas Martias
Día 16, ante diem XIV Kalendas Martias
Día 17, ante diem XIII Kalendas Martias
Día 18, ante diem XII Kalendas Martias
Día 19, ante diem XI Kalendas Martias
Día 20, ante diem X Kalendas Martias
Día 21, ante diem IX Kalendas Martias
Día 22, ante diem VIII Kalendas Martias
Día 23, ante diem VII Kalendas Martias
Día 24, ante diem VI Kalendas Martias
Día 25, ante diem V Kalendas Martias
Día 26, ante diem IV Kalendas Martias
Día 27, ante diem III Kalendas Martias
Día 28, Pridie Kalendas Martias

Cada cuatro años se añadía un día al mes de febrero, y ese día era: “ante diem VI bis Kalendas Martias”, es decir, el día 6º antes de las Kalendas de Marzo repetido ‘(De “sextum bis” o “bis sextum” procede nuestra palabra “bisiesto”, referida a los años en que febrero tiene 29 días).

El calendario Juliano es el que tenemos hoy día, con las correcciones que en el siglo XVI hizo el Papa Gregorio XIII. En dicho siglo había un desfase de 11 días con respecto al año astronómico, porque se añadía un día cada 4 años, sin tener en cuenta nada más, lo que era excesivo. A partir del calendario Gregoriano, no serán bisiestos los años que terminen en dos ceros, excepto los múltiplos de 400, que sí lo serán (1600 y 2000).

Este calendario fue siendo adoptado paulatinamente por los distintos Estados. Inglaterra no lo hizo hasta el siglo XVIII, mientras que España lo había hecho el mismo siglo XVI. Debido a esta diferencia de fechas, los dos grandes genios de la literatura universal, Cervantes y Shakespeare, murieron en la misma fecha, pero en distinto día: la fecha fue el 23 de abril de 1616, aunque el día real de la muerte de Shakespeare según el calendario gregoriano fue el 3 de mayo.

De la palabra “Kalendas” viene nuestra palabra “calendario”. Los “Idus de marzo” son famosos porque ese día del año 44 a. C. (709 a. V. c.) fue asesinado Julio César. La expresión “ad Kalendas graecas” quiere decir “nunca”, porque los griegos no contaban el tiempo de la misma manera.

Cada día de la semana estaba dedicado a una divinidad, y sus nombres son el origen de los nues-tros:

"Dies Lunae"    Lunes (En inglés también es el día de la luna: "monday")
"Dies Martis"   Martes
"Dies Mercurii" Miércoles
"Dies Iovis"    Jueves
"Dies Veneris"  Viernes
"Dies Saturnii" Sábado (Esta palabra procede del pueblo hebreo)
"Dies Solis"    Domingo

(La palabra “domingo” procede de los cristianos, que lo llamaban “dies dominicus” (día del Señor) por ser el día en que había resucitado Jesucristo.) Los ingleses conservan la denominación: “Sunday”.

Cada nueve días había mercado en Roma (”nundinae”) y se consideraba día de fiesta en todas las actividades. La semana de 7 días, con uno de descanso, tiene su origen en la Biblia: describe la creación realizada por Dios en seis días, y al séptimo descansó.